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Tu Bienestar

El síndrome de los abuelos esclavos

Sandra García Castañeda

Sandra García Castañeda

Psicóloga del Instituto Barcelona de Psicología

¿Qué es el síndrome de los abuelos esclavos?

Las personas mayores cuidan y son cuidadas por la familia. Cooperar de generación en generación es una realidad que se refleja a nivel familiar. Es natural y frecuente que los abuelos/as cuiden a sus nietos mientras los padres trabajan, hecho que brinda plena confianza a los nuevos progenitores y da una extrema satisfacción a los abuelos/as. Sin embargo, en el afán de ayudar muchos abuelos se están descuidando de su propia salud e incluso enfrentándose a situaciones de excesiva carga y responsabilidad en relación a los nietos. Es lo que en algunos entornos ha tomado el nombre de “síndrome de los abuelos esclavos”.

El cuidado ha sido considerado un aspecto tan natural en las funciones de la familia que ha llegado a ser invisible, pero no lo es. En respuesta a la realidad actual es necesario prestar atención a la participación de las personas mayores en estas labores. Aunque las familias se hayan transformado, los abuelos siguen ayudando en el cuidado de los pequeños de la casa y las tareas domésticas. Cuidar es “trabajar” y cuidar es “amar”, aquí radica el problema.

El exceso de carga en personas mayores ya ha sido reconocido como un problema y desafío en algunos países. En los casos en los que los abuelos son los principales responsables del cuidado de los nietos, se enfrentan a problemas de estrés y sobrecarga emocional. El síndrome de los abuelos esclavos habitualmente afecta a las personas que por cuestiones culturales y familiares se sienten obligadas a asumir demasiadas responsabilidades familiares en función de sus capacidades y en detrimento de su salud. Cuidan a sus nietos y/o a familiares enfermos de forma continuada, de manera que les impide que disfruten de tiempo libre y de relaciones sociales satisfactorias.

Todo esto ocurre a unas edades de la vida en las que, con sus más y sus menos, la forma física que se requiere para estas tareas no es la más apropiada. Hay varios elementaos que contribuyen a perpetuar este síndrome: por un lado están las enormes ganas de muchos abuelos de ayudar a sus familiares, que les llevan a dar más de lo que pueden. Por otro lado, muchas personas mayores en esta situación no encuentran el momento ni la forma para quejarse de esta situación. Tienen miedo a que se les malinterprete. Por este motivo, ante la sobrecarga y los dolores de espalda muchos abuelos optan por callar. Y hay otro aspecto que es fundamental, los hijos suelen llevar una vida ajetreada y repleta de demandas que no pueden dejar de atender y no ven o niegan psicológicamente la evidencia de sus mayores.

¿Qué podemos hacer para enfrentarnos a la sobrecarga?

El bienestar emocional de los abuelos pasa por estar cerca de sus nietos y contribuir en mayor o menor medida a su cuidado, pero sin que esto suponga una sobrecarga. El equilibrio entre las relaciones familiares, el ocio y el tiempo libre tiene que ser un punto de referencia. Y el estado físico y psicológico de la persona también deberá entrar en consideración.

Sin embargo, hemos de tener presente que cada uno de nosotros, y también las personas mayores, tenemos que hacernos responsables de defender nuestros derechos, al tiempo que respetamos los derechos de los demás. Por este motivo, el consejo más adecuado para todas aquellas personas mayores que se sienten sobrecargadas por sus obligaciones como abuelos es hablar, hablar y hablar. La vida cerca de sus hijos y nietos está para disfrutarla. Eso no quiere decir que no puedas ayudar a tus familiares en diversidad de tareas, pero cuando preveas que estás llegando a tu punto de saturación tienes que saber hablarlo con la familia. El papel de expresarse con relación al cuidado de los niños y de la casa le corresponde a las personas que lo sufren. Aunque en ocasiones la sobrecarga puede ser muy evidente, si no existe ninguna queja por parte de los mayores, si se niega la evidencia cuando se les pregunta, nunca se tomarán medidas.

Deja tus miedos aparte, si te explicas con naturalidad y claridad, aportando soluciones o sugiriendo otras formas de colaborar, en la mayoría de los casos se encontrarán alternativas a la situación. Déjanos sugerirte una forma de transmitirlo. Siéntate en frente de los padres de tus nietos, ambos deberían estar presentes en esta conversación:

“Hace muchos días que quiero comentaros una cosa que es muy importante para mí. Entiendo muy bien vuestra situación como padres, trabajando los dos... Sé que estáis pasando por una época con muchas ocupaciones pero quiero comentaros que la cantidad de tareas que hago para ayudaros me hacen sentir muy fatigado/a y me están sobrepasando. Quiero a los niños con locura, necesito estar cerca de ellos y pienso seguir ayudando porque esto me hace sentir muy bien. Sin embargo, me gustaría reducir mi dedicación y disponer de más tiempo para mi. Yo había pensado en…”.

Algo así sería muy adecuado para plantear un cambio en casa. Si después de una conversación así las cosas siguen igual, deberías volver a comentarlo. Si después de esta segunda ocasión las cosas siguen sin cambiar, te sugiero que cambies el tono y pases al enfado. Expresarlo de una forma más contundente puede ayudar. Recuerda que cada uno de nosotros es responsable de cuidar y defender nuestro bienestar. No deberíamos esperar a que los demás lo hagan por nosotros.