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“La edad no es un problema. Hasta que el cuerpo y la mente lo permitan hay que moverse, porque el deporte ayuda a desconectar y a relajarse”

¿Se imaginan a una mujer de 83 años haciendo paracaidismo? No, ¿verdad? ¡Pues esa mujer existe, se llama Montse Mechó y vive en Barcelona!

Con 49 años hizo su primer salto, cumpliendo así uno de sus sueños y hoy, con 83 recién cumplidos, acumula 934 ¡y sigue en activo! El desierto de Arizona, las ruinas de Éfeso en Turquía, los bosques de Finlandia o la Alhambra son algunos de los lugares históricos en los que ha saltado esta mujer todoterreno, que no únicamente practica este deporte. Fue Campeona de España de saltos de trampolín y palanca cuando era adolescente y, recientemente, también lo ha sido de Natación en la categoría de mayores de 80 años.

Además, el esquí, el windsurf o el submarinismo son algunos de los deportes que también forman parte de la vida de una mujer que, sin duda, es un claro ejemplo de que la edad no es ningún impedimento para seguir cumpliendo sueños, ni mucho menos para cuidarse. Ni una quíntuple rotura de cadera, ni su escasa pensión, ni las duras circunstancias personales que ha vivido le han hecho perder su contagiosa sonrisa. Presten atención, no pestañeen, porque lo que van a leer no tiene desperdicio.

 

1. ¿Siempre ha hecho deporte?

Sí, desde bien pequeña. Mi madre cantaba en el Orfeo Catalán y era pianista. Una vez fue a tocar el piano a la Escuela de Danza Clásica del Maestro Juan Magriñá y nos apuntó a mi hermana Carmen y a mí a hacer ballet. Y gracias a ello aprendí a colocar mi cuerpo y a sentir la música a través de grandes compositores como Chopin, Mozart o Chaikovski, que llenan mi vida y mi alma. Además, ese aprendizaje me ha servido después a la hora de hacer paracaidismo, al permitirme hacer ballet en el aire. Antes de saltar en paracaídas hice natación sincronizada, que no deja de ser un ballet dentro del agua, y se convirtió en mi vida al dedicarme a impartir clases de natación.

 

2. Cuando usted era adolescente hacía saltos en trampolín. ¿Cómo y cuándo empezó su relación con el agua?

Yo era nadadora del Club Natació Barcelona, pero en el año 1950 coincidió que en los Campeonatos de España la natación iba unida a los saltos de trampolín y palanca. Las Islas Canarias reclutaron a una saltadora francesa muy buena, Solange Baudens, que les dio el triunfo y las deportistas catalanas decidieron que yo fuera la representante autonómica al año siguiente. Me entrené y en 1951 fui yo la ganadora.

 

3. Ha sido muchos años monitora de natación. ¿Qué consejos les daba a sus alumnos?

Sobre todo insistía mucho en el hecho de que se debe disfrutar nadando, que no debe ser algo únicamente competitivo contra otros o contra uno mismo. Si no es agradable al final se acaba dejando. En mi caso siempre he disfrutado y por eso actualmente, con 83 años recién cumplidos, sigo haciéndolo. Me voy a andar por la arena de la playa, me meto en el mar o en la piscina salada del CN Barcelona a nadar… Otra cosa que les enseñaba era a hacer ballet acuático (lo que hoy se conoce como natación sincronizada) y también a tirarse para perder el miedo. Recomiendo que, aunque seas mayor, vayas a algún club a que te enseñen a nadar o a hacer otros deportes, pero no hagas nada más allá de tus posibilidades para hacerte el valiente. En mi caso, cuando salto en paracaídas lo hago tomando todas las medidas de seguridad necesarias, fijar bien el paracaídas, llevar el altímetro… La inconsciencia siempre acaba mal.

4. Fue pionera en inmersión submarinista. ¿Qué destacaría de su experiencia en el fondo del mar?

Es el mundo del silencio. Es muy bonito. Mejor dicho, lo era. Porque actualmente el fondo del mar está tan gastado que ha perdido belleza. Es una experiencia lenta, lo contrario a saltar en paracaídas (risas), que en un minuto de caída libre tienes que hacer todos los movimientos. Es tal el contraste de presión entre un deporte y el otro que no es recomendable para la salud practicarlos de forma seguida.

 

5. Se lanzó por primera vez en paracaídas a los 49 años. ¿Por qué?

Mi hijo tenía una escuela de windsurf en Roses y yo daba clases de natación en Tona. Un día de verano me dijo que cuando acabara las clases lo acompañara a tirarse en paracaídas y, como era algo que yo había querido hacer desde siempre, me animé a participar. Y hasta hoy.

 

6. Ahora ya ha hecho 934 saltos. ¿Qué siente cuando se encuentra flotando en el aire?

No se puede describir con palabras, hay que experimentarlo para conocer cuál es la sensación. Te sientes libre. Cuando piensas en hacer alguna acrobacia y te sale te sientes muy bien. En mi caso, empecé a trabajar en el bar del club de paracaidismo de Empuriabrava para poder saltar, y cuando los clientes profesionales veían que la señora del bar saltaba no se lo podían creer (risas). Me decían que siempre saltaba sonriendo. La verdad es que me apreciaban mucho y me sentía muy querida allí.

 

7. Eso le quería preguntar. Suya es la frase “yo siempre río, es algo que todos deberíamos hacer”. ¿No será que es feliz haciendo todo lo que hace?

Sí, es un privilegio poder cumplir el sueño de mi vida: saltar en paracaídas. Siempre decía que me encantaría hacerlo y lo pude realizar. Y no sólo eso, sino que he viajado por el mundo para saltar en distintos lugares emblemáticos, como el Desierto de Arizona, las ruinas de Éfeso en Turquía, los bosques de Finlandia, la Alhambra... Ése es el motivo de mi sonrisa y de mi felicidad.

8. ¿Se siente un ejemplo a seguir para la gente mayor?

No pretendo que gente mayor que empieza a hacer deporte salte conmigo en paracaídas, pero sí que quiero hacerles ver que hasta que la salud mental y física lo permita hay que moverse. No importa el tipo de ejercicio físico, hay muchas actividades que son muy fáciles y puede hacer todo el mundo, como nadar. Yo tengo compañeros que nadan 1.000 metros, pero yo no. Yo hago cuatro piscinas y después las hago de espaldas y voy haciendo. Hay que tener cabeza y no hacer las cosas sin pensar.

 

9. ¿Qué le diría a todas aquellas personas mayores que no hacen deporte ni salen de casa?

Les diría que el deporte es muy necesario, porque te libera de muchas cosas. A nivel mental te permite desconectar del estrés diario y disfrutar, y a nivel físico es muy útil para recuperarse de lesiones u operaciones. En mi caso sufrí un grave accidente de tráfico hace 47 años en la Meridiana de Barcelona, en el que me rompí la cadera por cinco sitios y que me mantuvo más de dos meses en cama. ¡Pues gracias a la natación me recuperé de esa lesión mucho más rápido de lo previsto!

 

10. ¿El deporte influye en el bienestar emocional?

Sí, te quita todas las penas. En mi caso me ha ayudado muchísimo a superar el fallecimiento de mi hijo Eduard, que murió haciendo pesca submarina cuando tenía 26 años. Junto a él hice paracaidismo, submarinismo, windsurf… Fue Campeón de España de saltos de esquí en La Molina y llegó a entrar en el equipo de promesas de la escuela Juan March de Vielha viajando por todo el mundo junto a referentes como Paquito Ochoa.

 

11. ¿Qué significa el deporte para usted?

El deporte, practicado para disfrutar, sin ser competitivo, es el modo de olvidarte de los problemas. Me ayuda a desconectar y a relajarme.

12. Submarinismo, natación, saltos en trampolín, windsurf, paracaidismo, esquí... no son deportes que acostumbren a hacer las personas de su edad. ¿Le gusta el riesgo?

Todos esos deportes, excepto el paracaidismo, los he practicado desde joven y los he continuado haciendo después. De hecho, todavía voy dos fines de semana al año en tren a esquiar a La Molina. No es que me guste el riesgo, porque yo lo controlo. Recuerdo que Paquito Ochoa me dijo una vez que cómo podía tirarme en paracaídas, y yo le dije que lo que hacía él de bajar por pistas negras de esquí llenas de rocas tenía mucho más riesgo que saltar desde un avión. Saltando, si sabes lo que tienes que hacer, como ponerte en contra del viento para que te pare la llegada, frenar en el punto indicado, etc., no hay ningún riesgo. Hay más peligro en tierra, donde puedes romperte una pierna yendo por la calle, porque no te lo esperas, que en el aire, donde sabes qué tienes que hacer y estás atento.

 

13. ¿Cuánta importancia tiene la fuerza mental a la hora de conseguir cualquier objetivo?

Hay que estar concentrado, saber lo que vas a hacer y tener la capacidad de dosificar las fuerzas para no llegar desfondado al final. Un ejemplo muy claro que se puede poner es el de una piscina. 100 metros braza se hacen muy largos y, si empiezas demasiado rápido, igual no acabas. En la vida pasa lo mismo. Hay que tomarse las cosas con calma y hacerlas bien para evitar tropiezos.

 

14. ¿Existen los límites?

Cada uno debe conocer sus límites y ponérselos. Si ves que no puedes hacer algo, no lo hagas, pero sé tú mismo quién ponga tus propios límites, no dejes que nadie decida por ti.

 

15. Por último. Su hijo Ignasi dijo “creo que mi madre hará deporte hasta el final, siempre tendrá ganas de hacer alguna actividad”. ¿La juventud tiene que ver con la edad o con el espíritu?

Yo no me considero joven, pero sí que tengo el privilegio de hacer cosas que me gustan con la edad que tengo. No me comparo con chicas de 20 años, no lo haría nunca, sino que me centro en disfrutar y hacer todo lo que la salud y la edad me permiten.