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“La bicicleta me ha salvado y me ha permitido aprender del cáncer”

¿Tiene algún problema o miedo y cree que no va a poder superarlo nunca? Si es su caso, sin duda debe conocer la historia de Mar Hernández.

Esta escultora de 45 años, de Castellar del Vallès, ha conocido el cáncer de mama en dos ocasiones y ha tenido que sufrir en primera persona todo lo que se lleva consigo esta enfermedad tan expandida actualmente. Unas consecuencias que, en su caso, no se han limitado al estado físico, sino que han ido mucho más allá hasta hundirla en lo más hondo de un pozo oscuro, sin referencia alguna, del que ha podido salir pedaleando sobre su bicicleta de montaña y con la lucha incansable y el espíritu de superación como bandera.

Mar ha presenciado la fundición de su antiguo molde personal y sigue trabajando, con mimo y paciencia, en el diseño que describa de la forma más fidedigna posible a la persona que es actualmente. Ha perdido muchas cosas en el camino, pero ha aprendido a valorar aquello realmente importante en la vida. Abran bien los ojos, porque lo que van a leer a continuación no les va a dejar indiferentes. ¡Acción!


1. ¿Quién es Mar Hernández? ¿Cómo se definiría?

Soy una escultora, creativa de profesión, pero actualmente me encuentro en un proceso de redefinición personal después de la enfermedad que me impide responderte a esta pregunta. A causa del tratamiento mi vida cambió por completo y también trajo consigo esta crisis de identidad en la que me encuentro ahora. Llegué a un punto en el que tuve que pensar quién era Mar y qué quería ser y hacer en la vida. Lo que tengo claro es que soy una persona de calle, muy sensible, que he sabido apreciar los valores de la vida a raíz de lo que me ha pasado.

2. Su vida dio un giro radical en 2007 cuando le diagnosticaron cáncer de mama… ¿Cómo lo encajó?

Fatal. Tenía 36 años, nunca había tenido ningún problema de salud y me encontraba en un gran momento de mi vida. Me hicieron la primera prueba de control antes de tiempo porque tenía antecedentes familiares y me encontraron un tumor muy localizado y con un porcentaje muy elevado de éxito de tratamiento, pero no deja de ser un golpe muy duro. Me rebelé. Me giré contra el mundo, contra los médicos, contra mi familia, contra todo. Mi actitud fue nefasta.

 

3. ¿Cuáles son las fases para superar un cáncer?

Cada caso es distinto, en función del tipo de cáncer y de la incidencia que tenga en cada persona. En mi caso pasé por las fases que considero de manual: negación, dolor y aceptación. Todas ellas te llevarán más o menos tiempo en función de todos los condicionantes, de la incidencia, de la agresividad del cáncer, de la situación familiar… Una vez aceptada la situación llega el turno de la positivización. Hay que intentar normalizarlo y sacar la parte positiva de crecimiento personal que supone pasar por todo este proceso.

 

4. Y una vez superada la enfermedad, ¿cómo reconstruye su vida?

Uf, superada… No me gusta usar esta palabra. Desde los hospitales no dan una alta hospitalaria así como así. Yo todavía estoy tomando una medicación para cinco años y hay mujeres que la toman incluso para diez. ¿Cuándo se supera un cáncer? ¿Cuando sales del hospital y has acabado los tratamientos oncológicos, cuando has acabado el tratamiento continuo los siguientes cinco o diez años o cuando has podido rehacer todas aquellas parcelas de tu vida que conforman tu estatus?

 

5. La última opción, ¿no?

Yo también lo creo. Y en mi caso todavía me encuentro en esta reconstrucción y, por tanto, diría que no he superado el cáncer.

6. Empezó a hacer deporte a raíz del diagnóstico médico… ¿por qué?

Hacía más de 15 años que no hacía deporte. Lo había practicado en la adolescencia pero por temas académicos lo acabé dejando. Me habían regalado una bici de montaña un tiempo antes del diagnóstico y a partir de ese momento usé la bicicleta para gestionar la rabia, la impotencia, el miedo, la incertidumbre y la inseguridad que me causaba el no saber qué pasaría en los siguientes meses de mi vida. Tímidamente empecé por marcarme un recorrido por Castellar, cerca de mi casa, de unos 10 km y salía cada día hasta que supe los resultados de las pruebas y qué tenían que hacerme. Quince días después de la operación volvía a estar encima de la bici de nuevo.

 

7. Por tanto el deporte le ha ayudado en su lucha contra el cáncer, ¿no?

100%. Me ha ayudado a gestionar las emociones, a normalizar y positivar la situación y también tanto a nivel físico como psicológico.

 

8. ¿Cuánta importancia tiene actualmente el deporte en su día a día?

El deporte y la bicicleta a mí me han cambiado la vida. Desde un primer momento me di cuenta de todos los beneficios que me aportaba y por eso incorporé la bici en mi vida y jamás ha salido de ella. Todo lo que hago está vinculado con la bici: actividades, viajes, relaciones sociales, entrenamientos… No concibo mi vida sin el entrenamiento. 

 

9. ¿Qué ha aprendido de su experiencia con el ciclismo?

Valentía. He aprendido a ser valiente. También me ha aportado resistencia y la sensación de libertad que te da ir sobre la bici y que te toque la brisa en la cara e incluso poder cantar mientras ruedas. Da muy buen rollo (risas).

 

10. ¿Por qué la Titan Desert?

Porque es algo que me había quedado pendiente. Era una idea que tenía proyectada antes de mi recaída y que quedó aparcada tras el segundo diagnóstico al tener que volver a entrar en el proceso de tratamiento.

 

11. Esto no lo hemos dicho. Superó el primer diagnóstico, pero después hubo una recaída que afrontó mucho mejor.

Fue una reacción totalmente opuesta a la de la primera vez. Tuve una actitud positiva y proactiva. Es obvio que no deja de sorprenderte una noticia así, a pesar de que ya sabía que podía pasar, pero la supe gestionar en muy poco tiempo. Así como en la primera ocasión me rebelé y tuve una actitud muy negativa y contraria a todo, en la segunda supe afrontarlo con valentía, buena actitud y positivismo. La gran diferencia fue que en el segundo diagnóstico yo también tuve voz y voto. No fueron únicamente los médicos los que decidieron, sino que yo también, y decidí quitarme los pechos.

12. Volviendo a la Titan Desert by GAES, ¿la ha conseguido acabar?

Ninguna de las dos veces que he participado. La primera vez, el año pasado, tuve un fuerte dolor en el pie en la primera etapa que no me permitía prácticamente ni caminar y no acabé entrando en el tiempo de corte. Pequé de inexperiencia llevando unas zapatillas poco rodadas, algo que se sumó a uno de los efectos secundarios de la quimioterapia, la parestesia o pérdida de sensibilidad de la zona blanda de las extremidades, que se me acentuó con las condiciones extremas del desierto provocándome ese dolor en la planta del pie. A pesar de estar descalificada continué las siguientes cinco etapas hasta llegar a la meta. Tan solo los 30 km que no pude completar en la primera etapa me impidieron conseguir el título de Finisher. Y en la segunda ocasión, que fue en 2016, la hice entera pero entré en la quinta etapa diez minutos fuera de corte y no nos repescaron. No soy Finisher, pero he hecho la Titan dos veces. Eso sí, este año 2017 repetiré por tercera vez para quitarme esa espinita que tengo clavada. Aun así valoro mucho esta carrera como experiencia vivida.


13. ¿Qué opina de la iniciativa de GAES por ayudar a deportistas anónimos a conseguir sus sueños?

Es excelente. Todo el mundo debe tener una oportunidad para poder cumplir su sueño. Le doy un gran valor a esta iniciativa, dado que a mí una empresa me ayudó cuando lo necesitaba y sé lo importante que es recibir apoyo. Una de las mayores satisfacciones que tenemos es poder sumar cosas y enriquecernos con aprendizajes y experiencias para compartirlas. Y esa es una de las razones por las que nació el proyecto Identidad Esculpida. Si algo te ayuda, te ha ido bien y no solo es tu sueño sino que te ha permitido crecer o mejorar como persona es imprescindible que puedas compartirlo con las demás personas.

 

14. ¿En qué consiste Identidad Esculpida?

Identidad Esculpida es un proyecto social como resultado del paso por el cáncer de mama en convivencia con el deporte. Es un proyecto totalmente personal y dirigido a ayudar a las personas. Todo lo que he ido haciendo, como empezar a ir en bici, plantearme retos como la Titan Desert by GAES o enfrentarme a una sesión de fotografía, lo he hecho en primera instancia por mí, porque yo era quién intentaba salvarse. Este proyecto lo empecé en 2013, cuando estaba en proceso de reconstrucción estética, y vino motivado por mi cirujana plástica. Ya tenía el volumen de las mamas reconstruido, pero evidentemente había asimetrías y cicatrices, y ella me recomendó que me hiciera un tatuaje de henna para que no se viera tanto la asimetría, además de fotografiarme y comprarme lencería bonita para empezar a verme mejor a mí misma. Le hice caso y me gustó tanto que llamé a un amigo mío fotógrafo y le pedí que me hiciera una sesión de fotos. Nos encantó el resultado y vimos que tenía potencial y que no podía quedarse solo en eso. A partir de aquí iniciamos todo el proyecto de Identidad Esculpida y, a raíz de él, las charlas y conferencias. Todo iba por separado, pero acabaron uniéndose la parte deportiva, la médica y la estética.



15. En su caso, ¿cuáles son los valores o los mensajes que quiere transmitir a la gente?

Quiero que la gente entienda que no puede rendirse nunca. Hay que aprovechar cada momento y cada oportunidad que ofrezca la vida, tanto si son experiencias positivas como, sobre todo, si son negativas. En este último caso hay que darle la vuelta y positivar aquellas situaciones duras para transformarlas en oportunidades de crecimiento y mejora personal. Yo siempre digo que soy mejor ahora que antes.

 

16. Usted es escultora. ¿Qué relación cree que hay entre su profesión y su historia de superación?

Es una relación muy estrecha. De hecho el proyecto personal se llama Identidad Esculpida porque después de todo el proceso de enfermedad y de cambio me he tenido que volver a remodelar, a construir y a diseñar de nuevo.

 

17. ¿Qué ha sido lo peor de todo este camino?

Hubo un momento del proceso en el que toqué fondo, y no fue en el momento del diagnóstico, ni de las intervenciones, ni la pérdida de las mamas, sino cuando perdí a mi pareja a raíz de todo esto. Poco a poco a lo largo del segundo diagnóstico fui perdiendo todas aquellas cosas que me definían y a las que me agarraba porque me hacían sentir como soy yo. Empecé perdiendo los pechos, después la salud a causa de la quimio, también mi puesto de trabajo y mi nivel económico, ya que no podía trabajar y estaba en un proceso largo de baja laboral… Muchas cosas. Fue muy duro.

 

18. Le vino todo seguido…

Sí. La enfermedad sitúa las cosas y las personas en su sitio, y te das cuenta de quién está contigo y vale la pena y quién no, pero no me esperaba que quién me defraudara fuera mi pareja, y fue lo que pasó. La persona que yo pensaba que sería mi apoyo incondicional no lo acabó siendo. Nos separamos y después de ello caí en picado. Toqué fondo a nivel emocional y psicológico. Lo positivo es que cuando estás en lo más bajo la única opción que te queda es remontar. Lo malo, que cuando has perdido tus referencias, quién eres, qué haces, tu economía, tu pareja… es decir, todo aquello que te hace ser quien eres y te da fuerzas para seguir, no tienes nada. Además, esta situación te lleva a dudar absolutamente de todo. No sabía quién era Mar, qué quería hacer y hacia dónde quería ir, especialmente porque algunos efectos secundarios de la quimio son la pérdida de memoria, la desorientación, la pérdida de concentración, altibajos emocionales, estados depresivos… Me sentí absolutamente perdida, como si estuviera en medio de un océano y no viera horizonte ni referencia alguna por ningún lado. La única cosa que había estado en todo momento a mi lado sin fallarme nunca, me había ayudado a mejorar y era el recurso que me hacía tirar para adelante durante todo el proceso había sido la bicicleta. Entonces supe que la bici era la que me iba a ayudar a volver a salir a flote y que debía recuperar aquello que no había podido hacer: la Titan Desert by GAES. Gracias a ese objetivo, y a un amigo que me alentó a que lo hiciera, empezó mi remontada.

 

19. De hecho la Titan Desert by GAES se podría comparar con cómo usted se sentía, porque estando sola en medio del desierto tampoco tiene ninguna referencia…

Sí, pero ya no tengo miedo. Estos dos años he ido a la Titan sin equipo, y la gente me preguntaba si no tenía miedo de ir sola al desierto. ¿Debo tener miedo de pedalear sobre mi bici? Pues no, para nada, al contrario. Me gusta esa sensación de que mires hacia donde mires no haya nada y de descubrir kilómetro a kilómetro lo que te vas a encontrar. Es increíble.

 

20. Ha sido profesora de Bellas Artes en la UB y es profesora de Visual y Plástica en secundaria, ¿qué mensajes intenta transmitir a sus alumnos?

Comparto absolutamente todo con mis alumnos de secundaria y hacerlos partícipes de mi proceso personal y de cómo he podido superar una situación y mejorar como persona les encanta porque les da herramientas para poder también superar sus problemas. No comparto únicamente las inquietudes artísticas y creativas sino también mis experiencias individuales y de proyecto personal.

 

21. Por último, dígame una frase con la que se identifique.

Escultura, bicicleta, vida.